1 de cada 10 bebés puede padecer una alergia alimentaria

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La prevalencia de las alergias alimentarias ha sufrido un crecimiento exponencial en los últimos años en los países occidentales. Tal es así que se considera «la segunda oleada» de la epidemia alérgica, aumentando drásticamente su frecuencia en bebés. Según datos de la Organización Mundial de Alergia ( WAO por sus siglas en inglés), 1 de cada 10 bebés puede padecer una alergia alimentaria, una cifra que la posiciona como un verdadero problema de salud pública.

Aunque los expertos barajan distintas posibilidades sobre la causa de este incremento, como el estilo de vida y el condicionante genético, no se conoce la razón exacta que influye en el inicio de la enfermedad. «Se puede establecer el nivel de riesgo que puede sufrir el bebé teniendo en cuenta las alergias existentes en su familia. Por ejemplo, si un progenitor tiene alergia, las probabilidades de que su hijo se vea afectado están entre el 20 y el 40% y, si los dos progenitores son alérgicos, la posibilidad se incrementa al 60%», indica el doctor Luis Blesa Baviera, pediatra en el Centro de Salud Valencia Serrería II y presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatra.
Mientras que la genética es uno de los factores para el desarrollo de alergias, también el ambiente en el que vivimos puede influir en su aparición a una temprana edad. Los bebés pueden ser más sensibles a su entorno y a los elementos con los que entran en contacto, ya que sus sistemas digestivo e inmunitario aún son inmaduros. Por ejemplo, el aumento de la contaminación ambiental, el incremento de los partos por cesárea o el consumo de antibióticos, por parte de la madre o del bebé, pueden afectar a su sistema inmunitario.
«El correcto desarrollo del sistema inmunitario es fundamental para proteger al bebé de ciertas enfermedades, como infecciones o alergias. Por ello, entrenar el sistema inmunitario a través de la microbiota en el intestino, donde reside entre el 70 y el 80% de nuestras células inmunitarias, puede tener efectos potenciales a largo plazo en la salud. En concreto, puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollo de ciertas enfermedades no transmisibles como la alergia a corto, medio y largo plazo», explica el especialista.
Para entrenar el sistema inmunitario, la alimentación de la mujer durante el embarazo hasta la del niño de corta edad juega un papel crucial para el desarrollo de su sistema inmunitario. «La leche materna incluye componentes inmunológicos, oligosacáridos, bacterias y metabolitos bacterianos que van a modular un desarrollo normal de la flora intestinal. Sin embargo, para aquellos casos en los que la lactancia materna no es viable, se debe consultar con el pediatra la indicación de una leche de fórmula, para asegurar una microbiota intestinal saludable y, por ende, ayudar a reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles, como alergias», explica el doctor Blesa.

“Es posible entrenar el sistema inmunitario del bebé a través de la microbiota con composiciones, que son perfectas para entrenar el sistema inmunitario del bebé en las primeras etapas, modulando su microbiota para ser más parecida a la de los lactantes alimentados con leche materna, y contribuyendo a que esté mejor preparado a la hora de afrontar el desafío de tolerar futuros alérgenos», concluye el doctor Blesa.

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